El Ministerio del Tiempo y la televisión en España

Encantado. Así me siento tras los primeros cinco capítulos de ‘El Ministerio del Tiempo’. Tuve que ver los dos primeros con retraso porque sus emisiones me pillaron en el trabajo (¿he dicho ya que tengo trabajo?), pero no fue un problema. Al contrario. Disfruté como pocas veces he disfrutado con una serie made in Spain. Ahora la sigo al día.

De hecho, solo las comedias de situación como ‘La que se avecina’ -y el fútbol, por supuesto- conseguían que dedicase más de una hora a la caja tonta. Habitualmente consumo series por Internet, todas ellas de producción americana: ‘The Walking Dead’, ‘Gotham’, ‘Better Call Saul’

Pero últimamente me faltan teclas en el móvil para recordarle a mi madre que tenemos una cita los lunes a las diez para ver TVE ¿Qué ha cambiado?

Si vas a seguir leyendo, más te vale haber visto la serie, ya que corres el riesgo de comerte algún spoiler.

Rodaje de una escena de la serie | Foto: @MdT_TVE

Rodaje de una escena de la serie | Foto: @MdT_TVE

Desde que vi el piloto, tuve la firme convicción de que ‘El Ministerio del Tiempo’ sería una serie de éxito mundial si hubiese sido fruto del trabajo y la imaginación de una productora estadounidense. Sin embargo, el que esté hecha en España, su pintoresco reparto y su fantástico guión hacen que sea única, fresca y diferente. Me explico.

Los viajes en el tiempo, la interacción del presente con el pasado o el futuro, son una temática fetiche para cualquier aficionado al cine o las series. Para mí el primero. El ejemplo más claro que se me ocurre es ‘Lost’, ya que otros proyectos como ‘Flashforward’ murieron prematuramente por no tener las ideas demasiado claras, a pesar de sus buenas intenciones (¡qué chasco me llevé!).

El caso de la serie de Javier Olivares es felizmente distinto, algo que la hace genial por muchos motivos.

Es didáctica

Pocos son los medios de comunicación que dedican tiempo a educar y formar al espectador, uno de sus supuestos fines. Por suerte, la televisión pública -y, como tal, es casi su deber- ha decidido apostar por un contenido didáctico en el que cada capítulo es una lección de Historia de España. Incluso de su arte, si tomamos como ejemplo el quinto episodio.

Velázquez, Spínola, Pablo Picasso o Lope de Vega son solo algunos de los personajes que aparecen en la serie y sobre los que el espectador descubre cosas que quizás desconocía. Los personajes se desenvuelven en escenarios históricos con el fin de que todo siga tal y como es en el presente, al tiempo que la audiencia aprende algo nuevo sobre la Guerra de la Independencia o la España isabelina. Y de paso, un paseo por los 80.

Muchos fans de la serie admiten en las redes sociales informarse de los hechos que se narran después de cada capítulo. Un pequeño, pequeñísimo paso hacia una sociedad más culta. Aunque queda mucho por andar.

Es divertida

A excepción del cuarto episodio, mucho más oscuro, es habitual que los personajes de la serie nos saquen alguna sonrisa, especialmente a través del sarcasmo y la ironía. Un papel que juega a la perfección Julián (Rodolfo Sancho), sobre todo cuando le toma el pelo a Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda), cuya incredulidad por los acontecimientos posteriores a su época me han convertido en un fan incondicional de su personaje.

Es emotiva

Toda buena serie, en mi opinión, debe tener su buena dosis de drama, romance, traición… ‘El Ministerio del Tiempo’ ha sabido encontrar el equilibro entre todas ellas, usando el humor como un nexo importante, convirtiéndola en una serie de lo más completa.

La muerte de Maite, la mujer de Julián, le atormenta continuamente; Amelia Folch (Aura Garrido) sabe que le espera un temprano y trágico final debido a su naturaleza curiosa e inquieta; y el enigmático Ernesto (Juan Jémez) decide sacrificarse por una causa común cuando es el único que puede llevar al éxito una misión.

También hay lugar para la nostalgia, la amistad, el sentido del honor… y el amor. O eso parece.

Aúna historia y ficción de una forma amena

Pocas veces he visto unir la historia y la fantasía como lo hacen los guionistas de ‘El Ministerio del Tiempo’. Cada situación mantiene la filosofía de otras series respecto a las paradojas temporales y su efecto en el futuro. Evitar encontrarse con uno mismo, no alterar el pasado o arreglarlo para que el presente siga como está… Condiciones que los personajes deben acatar, aunque a algunos les cueste.

El desarrollo de la serie nos traslada a una invasión espacio-temporal por parte de los nazis o a una conversación entre Velázquez y Picasso. Situaciones que nunca debieron producirse, pero que el Ministerio se ha encargado de ocultar para que parezca que la historia es tal como nos la habían contado. Y aquí es donde yo -y muchos más, supongo- me quedo maravillado.

Porque, ¿qué hubiera pasado si el Ministerio del Tiempo no hubiese intervenido? La historia se hubiera desarrollado de una forma distinta, pero si así lo había decidido el destino, ¿no está el Ministerio ‘trucando’ la historia? ¿Y si nuestra historia es como es por el Ministerio y no por cómo debió ser? Reconozco que le doy varias vueltas a cada capítulo, tal como me ocurría con ‘Fringe’ o ‘Lost’.

Es conciliadora

Puede que suene a tontería, pero ‘El Ministerio del Tiempo’ ha conseguido que sienta un poco menos de vergüenza por ser español. Pero solo un poco. Cada capítulo es una oda a nuestra historia, a nuestra evolución como sociedad, en la que se destacan nuestras virtudes y nuestros defectos. Sobre todo nuestros defectos. Todo ello en clave de humor.

Dichos defectos se tratan en la serie como una constante en la historia de nuestro país. La picaresca, la incompetencia de los que mandan… Todo sigue igual en el presente, pero se dibuja como algo que forma parte de nuestro ser, de nuestra cultura y nuestra forma de vida. No digo que sea algo positivo, ni mucho menos, pero me recuerda que pocas veces este país ha sido digno de orgullo.

“Así que la cosa viene de lejos”, dice Julián en el quinto capítulo cuando Alonso de Entrerríos asegura que “en este país siempre hemos tenido buenos soldados pero malos jefes”.

Es crítica

Sorprende que en la cadena pública se emita un contenido tan ácido y crítico con quienes rigen nuestra sociedad en la actualidad. El personaje de Julián es el reflejo de la misma en la ficción, repartiendo palos a diestro y siniestro al Gobierno, al Ayuntamiento de Madrid y a quien haga falta.

Hasta los funcionarios del Ministerio sufren recortes y se ven privados de la paga extra, sea en el siglo que sea. Todo ello endulzado con una pizca de humor.

Un oasis en mitad el desierto

Con apenas cinco capítulos emitidos -la primera temporada tendrá ocho-, son muchas las voces que piden la renovación de la serie ipso facto. La mía es una de ellas. La razón es simple: no hay un contenido similar en la programación televisiva de España.

‘El Ministerio del Tiempo’ es la respuesta a nuestras plegarias, una forma diferente de hacer televisión. Es la prueba de que se pueden hacer series serias, de calidad y que lleguen al público en España. Hay talento de sobra, no solo en este campo. Y me alegra que parte de los pocos impuestos que he pagado hasta ahora se hayan destinado a hacerlo realidad.

¿Por qué hemos tenido que esperar -algunos- hasta ahora para sentirnos medianamente orgullosos de una serie española? ¿Por qué no apuestan las grandes cadenas por la calidad en vez de producir basura en serie? ¿Por qué la gente se manifiesta en contra del posible cierre de ‘Sálvame’? ¿Y por qué Eduardo Inda pasa más tiempo en un plató que en su casa?

Muchas de las respuestas están en el propio Ministerio. Nuestra cultura, el conformismo con el status quo, la crítica gratuita y el cotilleo. Muchos no se enteran, pero podemos cambiar el mundo con un solo click. Cambiar de cadena y disfrutar de contenidos didácticos y entretenidos al mismo tiempo es una opción. La otra es apagar la tele y hacer algo productivo con nuestra vida.

Si la prensa rosa, los ‘ni-nis’ con trono y las tertulias futboleras de taberna siguen teniendo audiencia, seguirán existiendo. Eso solo puede significar que nuestro nivel cultural e intelectual baje, que el índice de obesidad suba y que nuestra dignidad como personas se limite a echar pestes en Twitter del programa que estamos viendo. Si no te gusta, ¿por qué lo ves?

Hay un mundo mejor a un click de distancia. Lo mismo pasa con los votos, pero en Andalucía de eso aún no nos hemos dado cuenta.

Acerca de Carlos G. Urbano

Periodista. Redactor en Medina Media Producciones.
Esta entrada fue publicada en Televisión y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario